| PLEN 01.1 La Iglesia de todos |
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La Iglesia de todos - Declaración provisional Introducción Como recalca el autor de la EpÃstola a los Efesios, Cristo vino para derribar el muro de separación (Ef 2:14). Siempre que intentemos responder a la problemática de la discapacidad, conviene recordar los muros que hemos levantado. Todos estos muros son construcciones humanas, pero contradicen el ministerio de reconciliación de Cristo: muros que encierran a las personas o las dejan fuera; muros que les impiden reunirse y hablar unas con otras. En tiempos pasados, los discapacitados eran mantenidos literalmente tras los muros, dentro de instituciones. Ahora formamos parte de la misma sociedad que los demás. (Se calcula que hay unos 600 millones de personas con discapacidades.)
Sin embargo, todavÃa hay quienes se sienten aislados, especialmente las personas con discapacidades. Los muros que ahora erigimos son muros de vergüenza; muros de prejuicios; muros de odio; muros de rivalidad; muros de temor; muros de ignorancia; muros de prejuicios teológicos y de incomprensión cultural. La Iglesia está llamada a ser una comunidad sin exclusiones, a derribar los muros. Esta declaración provisional es una invitación a una peregrinación para que todo esto sea realidad. Ha sido escrita por personas discapacitadas, por padres y madres de personas discapacitadas y por otras personas que conviven con ellas de varias maneras. Históricamente, la discapacidad se ha interpretado como una pérdida, como algo que ilustra la tragedia humana. Los relatos de los Evangelios sobre cómo curó Jesús a las personas afectadas con diversas enfermedades y discapacidades se interpretan tradicionalmente como actos de liberación, relatos sobre seres humanos a quienes se da la posibilidad de vivir una vida más rica. Desde aquel tiempo, las iglesias se han planteado a menudo cuál puede ser la mejor manera de ejercer su ministerio para con las personas con discapacidades. El Movimiento Ecuménico también se vio confrontado con la necesidad de ocuparse de la cuestión. Tras la Cuarta Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en 1968, el tema “Unidad de la Iglesia y renovación de la humanidad†surgió como un medio de relacionar las cuestiones de iglesia y sociedad. En la Asamblea y después de ella, se intensificaron los esfuerzos para estudiar cómo podrÃa ser la iglesia una comunidad mas inclusiva. El interés por abordar la cuestión de la integración de los discapacitados en la iglesia se manifestó por primera vez en la Comisión de Fe y Constitución, y recibió un fuerte impulso en la reunión de la Comisión celebrada en Lovaina en 1971. Este primer intento de ocuparse de la situación de las personas con discapacidades fue un examen teológico del servicio a esas personas a la luz de la compasión de Cristo. En el perÃodo siguiente, el interés por las personas con discapacidades pasó de la reflexión teológica a las cuestiones prácticas acerca de la Ãndole inclusiva de las iglesias y las comunidades eclesiales. Sin embargo, a menudo, en esta reflexión y en esta acción en el marco de las iglesias, se trataba a las “personas con minusvalÃasâ€, las “personas con capacidades diferentes†y las “personas con discapacitados†(términos que pretendÃan expresar inclusividad y se sustituÃan uno a otro) como objetos más bien que como sujetos de reflexión. La aparición de la Red de Defensa Ecuménica de los Discapacitados (EDAN según su sigla en inglés), fundada en la Asamblea del CMI celebrada en 1998, y su inclusión en las estructuras del CMI en el equipo de JPC, ha sido un signo de esperanza en el proceso de sensibilización de las iglesias e instituciones cristianas, ya que ahora las personas discapacitadas son ellas mismas sujetos o agentes de reflexión o de acción. La EDAN trabaja en ocho regiones del mundo y sirve como red de encuentros y apoyo cuando las personas con discapacidades tratan de dar una respuesta a los problemas y desafÃos que se plantean en el respectivo contexto. Sin embargo, algunas iglesias han tomado conciencia progresivamente de que los discapacitados son de hecho una invitación a la Iglesia a volver a examinar el entendimiento del Evangelio y la naturaleza de la Iglesia. Esta toma de conciencia fue evidente en la primera declaración provisional que formuló el Comité Central del CMI en 1997, que es un intento de reflexión teológica y de impulsar a las iglesias a actuar para ser comunidades más incluyentes. Esta nueva Declaración provisional, formulada con la participación de la Comisión de Fe y Constitución, no es sino una etapa de una peregrinación en marcha. No lo abarca todo, pero ofrece pistas y perspectivas sobre temas teológicos importantes. Es de esperar que la declaración permita también a las iglesias participar en el diálogo sobre la discapacidad y las ayude a abordar las cuestiones de inclusión y de participación activa y plena en la vida espiritual y social de la Iglesia y de la sociedad en general. Anterior Próximo >> Página 1 de 10
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